Nito da Vila

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Artista con una delicadeza muy personal, confecciona sus propias telas y trató la horma reflejando en ella su espíritu artístico con el cariño que un creador siempre tiene por su obra,

Laureano da Vila Eirín, A Coruña, 1952

NITO DA VILA

Nito da Vila trabaja la superficie del lienzo consiguiendo una calidad rugosa y delicada, similar a la del papel, sobre la que traza las formas del cuerpo humano con exactitud y crudeza, consiguiendo retratos que recuerdan, por su intensidad poética y psicológica, a las obras del artista británico Lucien Freud. Se trata de desnudos que no se quedan en la superficie del cuerpo y que desvelan en parte, la personalidad de la modelo que queda expuesta ante los ojos del espectador.

El artista, pintor desde hace décadas, sustituía en el año 2015 sus brochas por cinceles tras un encuentro con el escultor Francisco Remiseiro, que le abría un camino artístico por el que el coruñés no dudaba en internarse.

Inmerso en pleno 2018 en lo que define sin dudar como “una nueva etapa”, es la talla, y no el caballete, lo que ocupa casi todo su tiempo desde entonces. “Hasta ese momento, yo prácticamente solo pintaba, nada más. Fue con él cuando empecé en la escultura. Resultó estupendo encontrar un reto nuevo después de tantos años”, explica Da Vila.

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