FRANCISCO PAZOS
Oficio: Escultura
País: España
FRANCISCO PAZOS
Francisco Pazos Martínez, Cobas, Meaño (Pontevedra) 1961
Tras cursar estudios primarios, ingresa en la Escola de Canteiros de Poio, donde estudiará durante cinco años. Finalizados los estudios, instala su taller en su pueblo natal, y en 1991 regresa a la Escola de Canteiros ya como profesor, hasta que abandona en el año 2000 para dedicarse de lleno a su faceta artística.
Realiza su primera exposición individual en la Sala Torrado de Pontevedra en 1984, tras haber participado el año anterior en el certamen Novos Valores de Pontevedra. En 1995 realiza una individual de la Casa de Galicia en Madrid.
A lo largo de su trayectoria, ha participado en muestras individuales y colectivas, así como en ferias, en Galicia y resto de España, Portugal, Rumanía, Bulgaria, Reino Unido o Francia.
Ha sido galardonado hasta en tres ocasiones en la Bienal de Arte de Pontevedra (1983, 1984 y 1990), y también ha obtenido el primer premio en el concurso de escultura al aire libre de la Fundación Feima y Premio Antón Fraguas (2008), así como el primer premio en el III Certamen Francisco Asorey (2016). Asimismo, se encuentra representado en colecciones como la del Museo Carlos Maside de Sada, Deputación da Coruña, Museo Celta de Vigo, Santo Domingo de la Calzada en La Rioja o la del Ayuntamiento de Alcobendas, y en otras particulares.
Se declara un «artista ecléctico», y ha sido definido por la crítica y coleccionistas como «deliberadamente elemental» y, al mismo tiempo, impresionantemente «racional». En su obra, vinculada a la cultura de la prehistoria gallega, a la artesanía tradicional, y en definitiva a la tierra. En su creación, la tradición y la modernidad se equilibran para alcanzar una paradójica contemporaneidad. Fusiona escultura y diseño, lirismo y arqueología, con una aparente, y al mismo tiempo ficticia, intención de restaurar desechos, partes rotas que realmente no son tal.
Trabaja con la madera, piedra, ladrillo y materiales metálicos, que acostumbra a combinar, pues la búsqueda del contraste resulta crucial en una obra definida por el ensamblaje y la utilización de penetraciones y grapados, especialmente ataduras de cobre.
Asegura el autor que en su quehacer artístico se deja llevar por lo que le apetece realizar: «Es una inercia. Primero, en mi obra aparecieron las formas geométricas; posteriormente, las redondeadas y luego las ataduras de cobre». De este modo, grapas, pulidos, incrustaciones y su original técnica de quemar la piedra fueron incorporándose poco a poco a su trabajo; en el que también ha habido lugar para la realización de mobiliario.