Microcosmos

Año:

Técnica y medidas:

Horma de madera, esfera de enredadera e hilo de seda roja

60 x 60 x 60 cm

La obra puede leerse como una metáfora compleja del viaje, del tránsito y de la huella,en plena sintonía con el espíritu del proyecto Andante. La esfera de enredadera remite, en primer lugar, a lo orgánico y a lo cíclico. La forma esférica sugiere totalidad, continuidad, mundo, pero la enredadera introduce la idea de crecimiento descontrolado, de avance que se produce por adherencia, por necesidad vital. No es un crecimiento rectilíneo ni planificado, sino un desplazamiento que se adapta, que rodea y que se aferra. En este sentido, la esfera puede entenderse como un territorio simbólico del viaje, no solo físico sino vital. Las ataduras de hilo de seda roja funcionan como un elemento clave de la tensión semántica. La seda, delicada y resistente al mismo tiempo, habla de vínculos frágiles pero persistentes. El rojo introduce asociaciones con la sangre, la vida, la herida, la pasión o la memoria emocional. No se trata de una sujeción violenta, sino de una ligadura cargada de afecto, de historia y de compromiso, que inmoviliza y protege a la vez. El hilo no solo ata: también dibuja, señala, marca. En el interior, la horma de zapato actúa como un potente símbolo del cuerpo ausente. Es la forma que da lugar al calzado, aquello que permite caminar, pero sin el pie que lo habite. Evoca el andar sin presencia, la experiencia del desplazamiento como rastro, como memoria de quien estuvo o de quien se fue. En relación con Andante, la horma puede interpretarse como la idea del caminar en sí, más que del caminante: el movimiento convertido en objeto, el viaje detenido. El hecho de que la horma esté igualmente envuelta en hilo rojo refuerza la idea de contención, cuidado y herida, como si el caminar estuviera atravesado por una experiencia emocional intensa: emigración, exilio, búsqueda, retorno. El hilo envuelve, protege y a la vez inmoviliza, subrayando la ambigüedad entre avanzar y permanecer. En conjunto, la obra propone una reflexión sobre el viaje como experiencia vital compleja, donde naturaleza, cuerpo, memoria y afecto se entrelazan. No se trata de un desplazamiento heroico ni triunfal, sino de un andar condicionado, atado a raíces, a recuerdos, a vínculos invisibles. La pieza habla de caminar cargando, de avanzar sin desprenderse del todo, de la imposibilidad —y quizá la inutilidad— de un movimiento completamente libre. Es una obra silenciosa, contenida, pero profundamente física y emocional, que convierte el acto de andar en un espacio de introspección y de memoria.